Ciudades mas importantes de Paraguay

Asuncion
Ciudad del Este
San Lorenzo
Luque
Capiata
Limpio
Fernando de la Mora

Tesoros y mas Tesoros Paraguay > Dibujos de mapas de tesoros en Paraguay

Dibujos de mapas de tesoros en Paraguay

Dibujos de mapas de Tesoros

Cuando el capitán William Kidd fue ahorcado en Londres el 23 de mayo de 1701 dejó algo más que una herencia de muerte; dejó la ilusión por encontrar su tesoro perdido. A partir de entonces muchos soñadores recorren el planeta en busca de estos pecios, protegidos a veces por insondables maldiciones.
Kidd representa el estereotipo del pirata, sanguinario y poseedor del secreto de un inmenso tesoro oculto en algún lugar del planeta. Una serie de novelistas se inspiraron en sus hazañas, como James Fenimore Cooper, Edgar Allan Poe y Robert Louis Stevenson con La isla del tesoro, novela que contiene todos los ingredientes para un buen relato de piratas: un mapa ininteligible, una isla misteriosa, conspiraciones, mutilaciones, asesinatos y mucho oro enterrado. Lo bueno es que la mayoría de estos ingredientes adornaron la vida de William Kidd.
En un intento desesperado por salvar su vida, escribió al portavoz de la Cámara de los Comunes del Parlamento inglés prometiéndole revelar la situación de una parte de sus riquezas, por valor de cien mil libras, a cambio de que no le ejecutaran. No aceptaron la generosa oferta” de Kidd y el pirata tuvo que afrontar su suerte en el patíbulo. Algunos creyeron que esa carta no era más que un farol, pero otros pensaron que no exageraba y que su tesoro o tesoros estaban escondidos en varias partes del mundo. La leyenda de Kidd se propagó tras su muerte y fueron muchos los aventureros y cazatesoros que se embarcaron con la idea de encontrar estos escondites. Tan sólo después de 200 años, en 1929, apareció la primera prueba de que no era un farol. Hubert Palmer, abogado jubilado inglés, compró un escritorio de roble del siglo XVII con la siguiente inscripción: “Capitán William Kidd. Galera Adventure, 1699.
Hacía referencia al nombre del pirata y al barco en el que hizo sus tropelías por diversos océanos, el Adventure. Palmer buscó compartimentos secretos y encontró uno que contenía un estrecho tubo de latón con un mapa de pergamino enrollado. En él aparecía una isla rodeada por el mar de la China, con las iniciales “WK” y la fecha 1699, con una caligrafía que coincidía con escritos de Kidd.
El hallazgo fue el punto de partida de una serie de expediciones a varias regiones de la costa oriental americana, del océano Indico y del mar de Japón en busca del fabuloso tesoro de Kidd. Todo esto ha generado una gran cantidad de peripecias rocambolescas, de traiciones, asesinatos y bancarrotas a la par que una serie de lugares en los que se ha creído a pies juntillas que allí estaba enterrado el tesoro de éste u otros piratas. Daba igual; lo importante era hacerse rico a costa de Kidd, Morgan, Drake o del que fuese y eso a pesar de las maldiciones y las numerosas muertes que planeaban sobre los tesoros, teñidos de sangre desde su origen. Lugares para llevarse pico y pala Se emprendió la búsqueda frenética en los sitios más extraños y peregrinos que uno se pueda imaginar. Cualquier indicio, rumor o trozo de mapa era más que suficiente para ir allende los mares en busca del gran tesoro, sin que hasta el momento se haya podido localizar. Ahí sigue esperando a que alguien con más suerte, con más medios técnicos y económicos o, simplemente, más avispado logre encontrar primero la isla del tesoro y luego el lugar exacto donde hay que excavar. Existen diferentes lugares que se han barajado en torno al mítico tesoro de Kidd.
Si tienen la idea de hacerse con él, tomen nota, pues no los repetiré dos veces: Oak Island –o isla del Roble–, en las costas de Nueva Escocia, Canadá, buscado desde 1804 sin éxito. La isla de Yokoate, que forma parte de un archipiélago que se extiende desde el sur del Japón hasta Taiwán. La isla de Gardiner, frente a las costas de Nueva York. La isla de Coco, en el Pacífico, al sudoeste de Costa Rica. La isla chilena de Robinson Crusoe, en el archipiélago de Juan Fernández. La isla Clipperton –o isla de la Pasión–, en el Pacífico, al suroeste de las costas mexicanas. En alguno de estos seis lugares debe seguir el tesoro o tesoros riéndose de todos los incautos que se han acercado por sus lindes sin las adecuadas protecciones físicas y psíquicas, pues por algo dice la leyenda que ese dinero está maldito.
En febrero de 2000 una expedición norteamericana, dirigida por el arqueólogo Barry Clifford, halló los restos hundidos del barco de Kidd, el Adventure, objeto de deseo de los buscadores de tesoros, cerca de la costa de Madagascar. Pero ahí tampoco estaba el tesoro... Tesoros piratas ¿Dónde iban a parar los suculentos sacos de doblones rapiñados por piratas de la talla de Francis Drake, Morgan, Kidd, Barbanegra y compañía? La mayor parte pasaba a engrosar las arcas de los reyes de Francia e Inglaterra; el resto era alegremente gastado en ron o enterrado en alguna isla desierta del Pacífico o del Atlántico –como la isla de la Tortuga para apartarlo de la codicia de otros corsarios en espera del momento para recobrarlo. Pero casi nunca sucedía porque morían en refriegas o ejecutados como hemos visto con Kidd.
Ello alimentó la leyenda de que existían ciertos lugares recónditos cuyo suelo escondía la llave de la fortuna. ¿Y si todo no fueran leyendas? La memoria y un roído mapa era lo único que serviría para encontrar algún día el botín si antes localizaban las señales de la escurridiza “X” del lugar de enterramiento. Dos ínsulas en concreto fueron el objetivo primordial, no de uno sino de varios piratas y bucaneros para enterrar sus respectivos tesoros, con o sin su mapa correspondiente. Una de ellas es la mencionada isla de Coco, de 24 km2, perdida en el océano Pacífico, a 300 km de Costa Rica, donde habría al menos cuatro tesoros escondidos. A saber:

  1. El del capitán inglés Edward Davis, que amasó una fortuna saqueando ciudades costeras desde México a Ecuador. Llegó a la isla en 1685 en el Bachelor’s Delight y depositó su mercancía.
  2. El de Bennett Graham, que en 1818 se apoderó de un cargamento de oro procedente de Acapulco. Hasta allí dirigió su nave y se perdió su pista.
  3. El de Benito Bonito, un portugués que se apodaba “espada sangrienta”. Con su nave Ligning arribó a esta isla en 1820 y dejó su fortuna bajo tierra o en alguna cueva.
  4. El fabuloso tesoro de Lima, un inmenso botín amasado por las autoridades civiles y religiosas españolas en los tres siglos de ocupación del Perú que entregaron insensatamente en 1825 al marino escocés William Thompson para que lo guardara, a cambio de un porcentaje tras rendirse la ciudad a las tropas de Bolívar. Cuando Thompson levó anclas del puerto de El Callao a bordo del Mary Dear no tenía ninguna intención de cumplir con lo estipulado y puso rumbo a la isla de Coco, donde lo enterró en lugar secreto. Ninguno de los piratas citados pudo disfrutar de los tesoros que escondieron en el remoto lugar, por eso es probable que sigan allí, intactos. Desde entonces han sido buscados con tesón por diversos cazafortunas, pero nunca han aparecido.

El tesoro de la isla de Robinson Crusoe Situada a casi 700 km al oeste de Valparaíso, la isla Robinson Crusoe forma parte del archipiélago Juan Fernández y fue también refugio no sólo del marino escocés Alexander Selkirk donde vivió abandonado entre los años 1704 y 1709 –que luego sirvió de base para inspirar al personaje literario de Daniel Defoe– sino también de corsarios que cruzaron el Pacífico. Según la leyenda, el navegante español Juan Esteban Ubilla y Echeverría, perteneciente a la Orden de Santiago, ocultó en esta pequeña isla un cuantioso tesoro.
Desde entonces se le ha buscado por todas las grutas de la isla. Uno de los intentos es el que llevó a cabo el cazatesoros norteamericano Bernard Keiser en una cueva de la bahía de Puerto Inglés. Ubilla y Echeverría, general de la flota que permanecía en Veracruz (México), fue quien trajo el pecio hasta la isla Robinson Crusoe –también llamada Mas A Tierra– en 1714 porque en esos tiempos se libraba la guerra de sucesión española y no quería que cayese en manos de los Borbones franceses. En 1761 el capitán inglés Cornelius Webb, al mando de la nave Unicorn, es comisionado por lord George Anson para rescatar el tesoro de Ubilla. En esta expedición, Webb sólo logró desenterrarlo porque, cuando pretendía regresar a Inglaterra, le sorprendió una tormenta que quebró el mástil debiendo regresar a la isla de Robinson donde nuevamente ocultó el fabuloso cargamento sin que se sepa dónde ni en cuántos sitios.
En septiembre de 2005 miembros de una expedición chilena dijeron haber hallado con total seguridad el legendario tesoro de joyas y monedas de oro oculto en la isla desde el siglo XVIII. De confirmarse, sería el más grande de toda la historia. Los integrantes de la empresa Wagner Tecnologías, apoyados por un robot explorador –“TX Araña”–, bautizado popularmente como “Arturito”, localizaron la ubicación del botín escondido en tres lugares de la Robinson Crusoe.

Escrito por CIEENZA S.A.S en Colombia para: Paraguay